¿Amar o ser amado?


¿Por cúal de estas dos opciones nos sentimos más atraídos: aprendemos a amar o sólo es cuestión de encontrar el objeto adecuado digno de nuestro amor?



En nuestra sociedad moderna está más arraigada la segunda opción: no hay nada que aprender sobre el amor. Éste llega de forma imprevista, como si de nosotros no dependiera, como si de un objeto se tratara, tenemos o no tenemos amor. El amor nos posee y consideramos el amar como algo sencillo (aunque la experiencia demuestre lo contrario).


Sin embargo, si consideramos que el amor es una actitud, una orientación que determina la relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto susceptible de ser amado, lo convertiremos en una actividad, un poder del alma. Nos daremos cuenta de que podemos aprender a amar de manera profunda y continuada y al decir a alguien ‘te amo’ lo que estaré dando a entender es que a través de esa persona amo a todas las personas y al mundo. Ahora bien, hay distintos tipos y fases en el amor y este empieza por el amor a sí mismo.


“Cuando te des cuenta de que eres la luz del mundo, también te darás cuenta de que eres el amor del mundo, de que conocer es amar y amar es conocer”.
Nisargadatta Maharaj