La amistad


La amistad como privilegio en las relaciones interpersonales es tema de todos los tiempos, Spinoza decía que los hombres que viven bajo la conducta de la Razón desean unirse los unos a los otros por el vínculo de la amistad.


Pero ¿qué entendemos realmente por amistad? ¿quién es para nosotros un amigo?

¿Podemos sentir amistad por las cosas? No, puesto que las cosas no pueden devolvernos el amor ni nosotros podemos desearles el bien. ¿Podemos sentir amistad por los animales? Tampoco, pues sólo hay amistad cuando se es correspondido.


Podríamos decir que un amigo es alguien a quien amas o que te ama, sin que por medio haya ningún vínculo familiar, pasional o erótico. Lo que no quiere decir que no se pueda ser amigo de un pariente o de un amante, pero sólo se es su amigo si el amor compartido no se explica suficientemente ni por vínculos de sangre ni por los del deseo o la pasión.


Los amigos se eligen, deben ser descubiertos entre otras personas. La amistad no procede de la obligación, es un compromiso voluntario recíproco en el que nada asegura el camino que debería seguir. Busca estabilidad y ésta se conquista afanosamente, la duración depende de la prudencia en mi obrar al tratar tanto de preservar como de enriquecer la relación pero nunca soy amo absoluto de su curso. Permanece en tanto vínculo íntimo y es esta intimidad una de las razones de ser de su vulnerabilidad.


“El mejor amigo, la mejor amiga, es aquel o aquella a quien más se ama, pero sin echarle de menos, sin sufrir, sin padecer (de donde viene pasión); es aquel o aquella que se ha elegido, aquel o aquella que mejor se conoce, que mejor nos conoce, con quien se puede contar, con quien se comparten recuerdos y proyectos, esperanzas y temores, felicidades y desgracias…”
Comte-Sponville