¿Quién decide mi vida?


Asumir y aceptar la responsabilidad de nuestras decisiones es algo fundamental que todos, en principio, damos por supuesto que hacemos.


Ahora bien ¿cuántas veces interiormente nos decimos ‘no quiero estar aquí no quiero hacer esto’? Pero si lo estamos haciendo será porque algo en nosotros nos lleva a ello. Aprender a escuchar las distintas voces interiores sobre un mismo tema, aprender a entender esos distintos argumentos y armonizarlos nos llevará a entender, asumir y aceptar la responsabilidad sobre nuestras decisiones: de todo lo que hago, de todo lo que dejo de hacer.


Decidir es un acto de voluntad cuando se elige entre distintas posibilidades. Consiste en pasar de lo imaginario a lo real y de la deliberación a la acción. Conlleva percibir, valorar, establecer prioridades, renunciar y comprometerse con lo elegido. Al realizar todos estos actos conscientemente nos vamos conformando en lo que somos, estamos eligiendo ser alguien y de una manera determinada.


A veces, para no tener que tomar decisiones y evitar asumir las responsabilidades que nos corresponde aprendemos a escudarnos en el ‘yo debo’, en el sentido del deber, y no actuamos desde el ‘yo quiero’, elección, voluntad, libertad. Tratar de eludir decisiones, es decir, no escoger nuestra vida la convierte en un ensayo de vida y no en una verdadera vida vivida, en un fluir de experiencias.




“El hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida que se realiza, no es por tanto otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida. Según esto, podemos comprender por qué esta doctrina produce horror en algunas personas. Porque a menudo no tienen otra manera de soportar su miseria más que pensando: las circunstancias han estado contra mí, yo valía mucho más de lo que he sido”.
Jean-Paul Sartre