¿Quién eres?


Todos nos hemos hecho alguna vez la pregunta de ¿quién soy yo?


Y lo habitual al contestarla es que nos refiramos a nuestro cuerpo: soy alto o bajo, rubio o moreno,… a nuestras posesiones: soy quien tiene tal trabajo, tal casa, tal coche,… o a lo que socialmente nos consideran: la imagen que otras personas tienen de nosotros y por la que nosotros respondemos. Es decir, consideramos que soy el conjunto de todas mis experiencias, de todas las características que otorgamos a eso que consideramos nuestro yo o de las ilusiones que nos formamos del mismo (lo que creemos que somos o nos gustaría ser). Pero, realmente estamos contestando a la pregunta ¿qué soy yo? no a la pregunta ¿quién soy yo? Ya que estamos identificando nuestro ser con ese conjunto de ideas, de pensamientos, de creencias sobre nosotros mismos que en un alto porcentaje las hemos incorporado sin ningún espíritu crítico.



Cuando nos damos cuenta que detrás de esta complejidad de experiencias, de fenómenos, de cosas que sentimos, que pensamos, que hacemos hay una unidad, hay alguien que es uno, entonces, estamos en disposición de contestar adecuadamente a la pregunta ¿quién soy yo?: Soy el sujeto, yo soy la consciencia de mi mismo, el centro de esa conciencia alrededor de la cual gira y surge todo, es donde se encuentran todas las posibilidades de mi existencia juntas. La persona madura es la que puede decir yo y responsabilizarse de su vida desde una adecuada percepción de la realidad.


Por ello se hace necesario que cada persona profundice en su yo, trate de llegar a conocer cuál es su verdadera identidad (no la identidad cambiante) y deje de confundirse con lo cree ser y lo que cree que debe de llegar a ser. Encontrar su verdad más honda y, de esta manera, acceder a una vida más plena.


“A todos los hombres les está concedido conocerse a sí mismos y ser sabios”
Heráclito