¿Quiero lo que quiero?


Pero si estoy condicionado por la realidad ¿Cada uno es prisionero de lo que es?


La libertad, podríamos decir, es la capacidad de ser lo que soy y esto conlleva asumir que no soy libre para ser lo que no soy, por ejemplo, no somos libres para no morir, para ser inmortales. Podemos hacer lo que queremos, pero ¿podemos elegir lo que queremos? La realidad se nos impone y no nos queda otro remedio que reconocer los factores limitantes (educación, familia, entorno,…) y darlos sentido, ser conscientes de las distintas presiones a las que soy sometido y desde ahí elegir y ser lo quiero ser de forma lúcida, madura y acorde con la realidad.



Ser libre es una actitud ante lo esencial de la vida, tiene que ver con elegir mi propia vida, ya no sólo es hacer lo que quiero sino, también, elegir lo que quiero y por tanto, conocer en que consiste lo que no quiero. Es un proceso que nunca se acaba, podemos ir creciendo o disminuyendo en libertad, podemos ser más o menos libres y por eso podemos filosofar, porque somos poco libres (desconocemos muchas cosas) y por eso debemos hacerlo para volvernos más libres (con más capacidad de discernimiento).


La libertad no nos viene dada sino que hay que conquistarla, uno no nace libre, uno se vuelve libre y nunca termina de serlo, nunca podremos decir “ya soy libre”, es un proceso de auto-liberación personal.



“Reflexionando en ello, recogiendo con cuidado nuestros recuerdos, veremos que nosotros mismos hemos formado nuestras ideas, que nosotros mismos hemos vivido esos sentimientos, pero que por una inexplicable repugnancia de la voluntad, los rechazamos a las profundidades oscuras de nuestro ser (…). En resumen, somos libres cuando nuestros actos emanan de nuestra personalidad entera, cuando la expresan, cuando tienen con ella esta indefinible semejanza que se encuentra a veces entre la obra y el artista”.
Bergson