Soledad: ¿Pesadilla o Paraíso?

Actualizado: 26 de nov de 2018


La soledad es un concepto que dependiendo quien lo pronuncie nos trasmite la paz más absoluta o nos lleva al peor de los infiernos ¿cómo es posible tanta disparidad?


En una cultura de masas, como en la que estamos inmersos, la soledad se vive ambiguamente: se busca y a la vez no se tolera. La sociedad actual y su individualismo creciente nos llevan a un aislamiento que nada tiene que ver con la soledad. ¿Qué es estar aislado? Es estar separado de los otros: sin relaciones, sin amigos, sin amores. Es un estado anormal para el hombre y casi siempre doloroso.



También, tenemos que distinguir la soledad como impotencia para la relación verdadera, como incapacidad de comunicación. En este caso no buscas la soledad sino que huyes de los otros. La soledad ‘son los otros’: los que me hacen conscientes de mi soledad no querida. Así la soledad nos asusta porque la asociamos con abandono, pérdida, responsabilidad e impotencia… Y este miedo crece si al entrar en contacto con nosotros mismos descubrimos ‘vacío interior’.


Sin embargo, es una característica del hombre y la mujer maduros poder estar solos, convivir íntegramente con la soledad (espacio interior que nos acompaña siempre y que es preciso conquistar). Es nuestra naturaleza habitual: no porque no tengamos relaciones con el otro, sino porque aún teniéndolas no pueden acabar con nuestra soledad esencial: estamos solos para ser lo que somos, nadie puede vivir en nuestro lugar. Asumir esa soledad significa atreverse a avanzar sin referencias externas, sin la aprobación de los demás, sin buscar seguridades, manejando los propios temores, confiando en las propias certezas sin convertirlas en dogmas... En fin: ¡Todo un reto!


“Estaba solo, y no hacía otra cosa que encontrarse a sí mismo. Entonces gozó de su soledad, saboreó su soledad y pensó muy buenas cosas durante horas enteras”.
Nietzsche