¡Yo lo quiero todo!

Es algo que decimos muchas veces pero en realidad, nos referimos a sólo una parte del todo, la que nos gusta. Somos fuerza y somos debilidad, somos alegría y somos tristeza, somos…; lo somos todo (incluida la parte que no nos gusta) y como tal, en nuestra vida, habrá momentos de todos los colores. Nuestra infelicidad en muchos casos viene de no querer admitir que esto es así. Sólo queremos en nuestras vidas la fuerza, la alegría,... y cuando surgen la debilidad, la tristeza,... las tratamos de no vivir, las ocultamos, nos las ocultamos. No querer vivir estos momentos nos lleva a tenerlos miedo y, al final, nuestra vida se convierte en un constante sentir miedo. Que nos atrapa y nos hace vivir desde la necesidad de controlarlo todo, de que todo sea como yo quiero; en vez de fluir, de dejarnos sorprender por la vida. Y para no sentir ese miedo nos protegemos y nos vamos creando corazas para no sufrir. Pero en realidad lo que estamos haciendo es aislarnos de la belleza de vivir, de experimentar la vida con todos sus matices. Oculta tras tantas capas de protección se encuentra nuestra felicidad.


Cuando somos capaces de vivir sin corazas de protección dejamos de sufrir porque quitamos el ruido mental que añadimos a las situaciones que nos toca vivir y que no nos gustan y nos dedicamos simplemente a vivirlas. Vivir así nos da la llave para una felicidad sostenible y profunda. Nos transforma y no solo nos sentimos felices sino que somos felices.

Espero que esta reflexión te inspire y te anime a quitarte todas esas capas de protección y todo ese ruido mental que te impide ser feliz. Sí se puede conseguir, es cuestión de que te pongas a ello. Yo estaría encantada de acompañarte en este proceso. Escríbeme.