El vestido de los pensamientos



Es habitual que las personas acusemos de nuestros problemas a lo que nos rodea: al jefe, a la falta de medios, a la situación de la empresa,… Esta postura, de alguna manera nos permite justificarnos y estar tranquilos: “no puedo hacer nada por cambiar la situación”. Si no hay nada que yo pueda hacer, no tengo ningún poder ni capacidad para resolver esta situación o de influir de determinada manera, para que las cosas cambien. No tengo control sobre mi vida. Esta manera de percibir la realidad nos quita poder.


Evidentemente, existen ocasiones, en que nos enfrentamos a situaciones que escapan totalmente a nuestro control y sobre las que no podemos intervenir, pero son muchas más las situaciones en las que creemos que no hay nada que podamos hacer, cuando en realidad existen opciones que no estamos sabiendo ver.


En la medida en que seamos capaces de observar esa misma realidad desde otro punto de vista, aplicando otra mirada, encontraremos soluciones que antes no veíamos y, en consecuencia, tomaremos decisiones y emprenderemos acciones diferentes. Solo haciéndonos responsables de nuestros actos, podemos encontrar alternativas y generar las condiciones adecuadas para crear una nueva realidad.



En todo esto el lenguaje no es inocente. El lenguaje que usamos tiene la capacidad de generar realidades. A través del lenguaje podemos crear o destruir posibilidades, a través del lenguaje podemos estar dándonos o quitándonos fuerza.


Por ejemplo: Si utilizáramos las conversaciones de forma predominante orientadas al futuro, tendríamos más facilidad para visualizarlo y podríamos generar acciones nuevas. Si nos hiciéramos responsables de cómo nos sentimos (“Me enfado cuando tú...”) no nos sentiríamos incapaces de controlar nuestras emociones (“Me sacas de quicio cuando tú…”) y nos veríamos como la única persona con capacidad de generar otra respuesta emocional.


Bajo este enfoque del lenguaje subyace una filosofía, una forma de vivir en la que la culpa se convierte en responsabilidad, la queja en sugerencia, la obligación en alternativa, lo urgente en importante, un día de estos en hoy, la escucha en comprensión,…..


Y tú ¿cuidas tu forma de vestir?