Las alas son para volar


El día a día no nos deja tiempo para pararnos a pensar, a veces parece que hayamos deshumanizado algunas empresas, dejando que los procedimientos y la tensión dirijan nuestros lugares de trabajo. Trabajamos con personas y son ellas las que hacen realidad alcanzar los objetivos.


En este sentido, la responsabilidad de las personas que tienen otras personas a su cargo es crear las condiciones laborales adecuadas para que éstas se desarrollen y juntos alcanzar las metas propuestas.


Estas condiciones pasan por generar relaciones de confianza y cooperación basadas en la escucha, la aceptación y la apreciación de nuestro equipo.


Erase una vez un pequeño pájaro (nos cuenta el cuento de “Las alas son para volar”) que quería aprender a volar tirándose desde un árbol, en lugar de hacerlo desde un acantilado, como le había aconsejado su padre. Al tirarse desde el árbol el pajarito se hizo un gran chichón en la cabeza y el pequeño le recriminó a su padre que no había conseguido volar y le llamó mentiroso. El padre le contestó que para volar tenía que crear un espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.



Las personas aprendemos y nos desarrollamos cuando creamos las condiciones adecuadas, no se trata tanto de forzar sino de permitir crecer. Tirarse desde un árbol no era suficiente para que el pequeño pájaro volara, necesitaba tirarse desde más arriba para que la velocidad, el aire y la necesidad de desplegar las alas le hicieran emprender el vuelo.


Las personas también volamos cuando existe ese espacio o condiciones para que nuestras alas se desplieguen. Todos tenemos alas, en ocasiones las tendremos que fortalecer, pero es seguro que todos tenemos capacidad para desplegarlas y volar.


La cuestión es ¿cuánto contribuyes tú a que las personas de tu equipo más cercano desarrollen su potencial?